#13 Mensaje en la botella (1) -Manuscrito hallado en "Poesía de los Escombros"
- Anónimo
- 6 jun
- 3 min de lectura
Al igual que los marineros perdidos en altamar, que buscaban entre las estrellas el camino a casa, yo naufragaba por su cuerpo siguiendo el rastro de sus lunares, que me guiaban como bellos centinelas. Navegaba manso por la superficie tersa de su piel, mientras su cabello revuelto como espuma de mar, se enredaba vaporoso entre mis dedos.
Poco sabía hasta entonces, lo que aquella travesía de besos me deparaba, a que puertos desconocidos me arrastraría la corriente cálida de su respiración entrecortada. No era difícil dejarse llevar por aquel sortilegio que conmovía cada centímetro de mi piel, sin piedad.
Ella me condujo con sutileza por cada recoveco de su ser, dejando que mi corazón palpite con inocencia en la palma de su mano. Ella hinchaba mis velas con sus aires de esperanza, y me sentía invadido por una dicha plena. Sus ojos iluminaban como faros, que perforaban la niebla con su haz de luz. Hasta que un día, sin darme cuenta, me perdí.
Cuando uno se encuentra internado en mar abierto puede resultar verdaderamente aterrador, porque aquel paisaje ya no se parece en nada a la seguridad de tierra firme. No hay montañas, ni prados, ni caminos, todo está dominado por una vastedad acristalada que se extiende como una llanura azulada hasta el infinito. Todos los objetos del mundo pierden consistencia cuando uno está en medio del mar, de pronto todo deja de importar. El horizonte se divide (y nos divide) por una línea perfecta que separa el azul del mar y el celeste del cielo. Solo al tomar cabal conciencia de aquella inmensidad puede sentirse un terror tan puro, tan movilizante, como una sensación que recorre electrizante la superficie de los huesos y nos deja expuestos y perdidos ante lo desconocido. Es un temor gratificante y sobrecogedor que nos susurra al oído que nada en el mundo será imposible si la marea decide, por fin, devolvernos a la costa.
Sólo, si alguna vez estuvo perdido a merced del mar, podrá usted entender lo que sentí aquella noche de invierno. Sólo así podrá entender esa mezcla de miedo, ansiedad y expectación; sólo así, será capaz de entender aquel deseo de eternidad que inunda cada rincón del alma. De otra manera no podría comprenderlo, ¿o acaso es posible encontrar palabras para aquello que sólo puede describirse con silencios?
No deseo aburrirlo, ni extender demasiado esta bitácora; podría llenar páginas completas para describir tan solo la consistencia de un cabello o la curvatura perfecta trazada por una sonrisa, pero hay detalles que solo pertenecen a mis vigilias, a mis noches insomnes, que últimamente me resultan demasiado largas.
Imagino que desde el momento en que usted halló la botella que contiene estas notas, solo se ha hecho una pregunta. ¿Cuánto tiempo he estado en estas aguas?
Debo confesar que muchas veces he visto la tierra asomarse a lo lejos, pero he virado mi rumbo. Es difícil renunciar a algo cuando ya forma parte de nosotros. No podría conformarme con lo terrenal, después de haber conocido las profundidades. Ella es mi mar infinito, y decidí quedarme perdido en él, porque no hay otro lugar en el mundo en el cual haya encontrado una felicidad tan latente.
Por favor, no sienta pena de mí, yo no la siento. Tan sólo cumpla mi último deseo, antes de devolver la botella al mar y le estaré agradecido por siempre:
Búsquela por cielo y tierra y cuando por fin la encuentre, susurre estas palabras muy cerca de su oído, ------ -----i----. An---- --------- - -- ------- -----s, y l- ---m-- -----
----- --------- -----a------------- ------ ------.
--------ón.
C---s--a- ---t--e-
Nota al pie:
Este texto forma parte de un manuscrito bastante deteriorado, hallado dentro del libro "Poesía de los Escombros". Por desgracia el deterioro severo en la parte inferior del texto, lo hace ilegible.



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